Mis primeros pasos

Cuando digo que hace 7 años empecé a correr desde cero es así al 100%. Tal cual. El agosto del 2010 no era capaz de correr 20 metros. Y evidentemente, ante esta perspectiva, la idea de ponerme a correr como hobby no se me pasaba por la cabeza. De hecho, el tema del ejercicio físico en sí no era algo que me motivase. Hasta 2013, fui experta en coleccionar bolsas de gimnasios, de esas que “regalan” con la inscripción. Me apuntaba, pagaba la cuota anual, iba un par de veces y al cabo de un año volvía para solicitar la no renovación. Así que lo de ponerme a correr no entraba en mis planes.

La gente empieza a correr por múltiples razones: para hacer algo de ejercicio, por salud, para bajar de peso, para liberar estrés… Yo empecé a correr por un pique. Me explico. Mi hermano era igual que yo. Deporte favorito: sillón ball. Pero un día se puso a correr, y pasito a pasito, empezó a hacer tiradas de distancia poco despreciable para alguien que acab de empezar (hablo de unos 7-8 km, algo impensable para mí en aquel momento). Así que un día hice la siguiente reflexión: “Vamos a ver, es mi hermano, tenemos los mimos genes, si él puede, yo también debería poder…” Así que ni corta ni perezosa entré en internet y busqué un plan de entrenamiento “para empezar a correr” (yo cuando me pongo, me pongo con todas las de la ley)

Y así empecé a correr. Lo recordaré toda la vida. Día 1: Camine 10 minutos, corra 2 minutos. ¡Dios mío, creo que fueron los dos minutos más largos de mi vida! Recuerdo casi cada segundo, en un parque al lado de casa, mirando el reloj una y otra vez, agonizando a cada paso, con un trote que seguro que no superaba los 5 km/h pero que en aquel momento, para mí, me parecía el súmmum de la velocidad. Tuve que repetirlo tres veces, agonía en estado puro.

Cuando llegué a casa, cogí la hoja donde había imprimido todo el entrenamiento, y la giré en busca del entrenamiento para el último día: corra 60 minutos. Y me dije: ¿60 minutos seguidos? Imposible.

Pero seguí corriendo dos días a la semana siguiendo aquella maldita tabla. Y los tres minutos se convirtieron en 4, 5, 10, 15… y cada día era un poquito más fácil, hasta que llegué al último día donde, sí, quien me lo iba a decir, conseguí correr durante 60 minutos.

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Mis primeras zapatillas de correr. Octubre del 2010

 

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