Maratest

Hace un año me enfrentaba histérica al Maratest, la prueba en la que todos aseguran te dirá si estás preparado para afrontar los 42,195. Y mi miedo, mi temor, era, obviamente el “¿y si no lo estoy?” Había hecho una tirada de 28 km la semana antes, pero no es lo mismo correr por la ciudad, parando en los semáforos, que hacer 30 km en carrera, sin parar. Me planteé la Maratest de 2017 exactamente como lo que era, el test definitivo para preparar el debut en la Marató de Barcelona. Misma ropa, mismos geles, mismos accesorios… Poca broma, que a los 200 metros de la salida ya había perdido dos geles, así que descartando el portageles que llevaba…. Test en toda regla, vamos. 3 horas y 15 minutos después, a un ritmo constante de 6:30, llegué a meta con la sensación de poder seguir. Fue exactamente lo que necesitaba. La constatación de que todos los entrenamientos habían servido de algo. Fue pasar de “Ay, dios, no sé si seré capaz” a “yo creo que si nada falla, sí, llegaré a los 42”.

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Llegando a meta en 2017, después de 30 km

Ayer, un año después, me planté en la salida del Maratest en circunstancias muy distintas. Ya soy maratoniana (2 veces!!), y esta vez participaba en la prueba de 15 km, como entreno para la Media Maratón de Valencia del 24 de marzo. A priori, pues, por delante, algo mucho más fácil que el año pasado, aunque no del todo porque la idea era hacer un entreno progresivo, empezando con 2 km de calentamiento a 6:10 y luego aumentado ritmos poco a poco hasta llegar a intentar hacer los dos últimos km a 5:30. ¿Y como acabó la cosa? Pues FATAL. No es que no llegase a 5:30, no, es que no bajé de 6 en ningún momento. Como en todo, hay días que no tenemos el día, y aunque iba con muchas ganas, me fui desinflando poco a poco. Todo influye, y al final, entre los factores externos, los físicos y los psicológicos, sale lo que sale.

Este año la Maratest estrenaba circuito en el Prat. Con la misma excelente organización que en Badalona (el único pero, el tamaño de las camisetas de chica, ridículamente pequeñas). Un circuito muy llano aunque más expuesto al viento. Eso fue, principalmente, lo que me mató. Aunque es cierto que el circuito es llanísimo, tiene algún que otro pero. En mi caso, el viento me pasó factura, pero no ayudaron las estrecheces de los primeros quilómetros (la salida es bastante ancha pero en seguida se adentra en un camino de tierra que, pese a que es muy bonito y la organización se curró, y mucho, tapar los agujeros del camino, se hacía muy difícil correr con comodidad. he de decir que esto, a mí, no me preocupó en exceso los primeros quilómetros, ya que el ritmo que debía llevar era lento. Cuando me tocó apretar un poco si que lo noté al principio, aunque la carrera ya se iba estirando y cada vez era más fácil correr. En el camino asfaltado justo después del avituallamiento (un tramo de ida y vuelta separado por conos) sí que observé más estrecheces, sobretodo con los que volvían (ventajas de los lentos, que vamos más anchos).

Unos pocos metros antes mis gemelos se empezaron a quejar, los notaba super cargados y pesados. Justo en ese tramo, donde tocaba ya ponerse a un ritmo “fuerte” (para mí), con el viento absolutamente en contra, se me hizo una montaña. Entre el viento y las piernas, a partir del quilómetro 6 se me hizo muy cuesta arriba. Supongo que la mente también se desconectó, y me costó acabar, aunque llegué. De agradecer especialmente a Blanca, la chica que cuando a 500 metros de meta me vio caminar, me estuvo animando a seguir corriendo hasta meta.

2231 Maratest El Prat
Foto de Carlos Sanchez. ¡Muchas gracias!

Ahora, 24 horas después, reflexiono e intento tomar nota de lo que pasó, y de lo que me fue mal. Seguramente lo peor fue seguir mirando el Garmin en el momento en que las piernas dijeron que no, En ese momento, quizá, debería haberme olvidado de los ritmos y correr sólo para disfrutar. En lugar de eso, empecé a contar cuanto faltaba, a pensar si habría un sitio donde el viento pegase menos y podría tener la oportunidad de apretar… Y eso creo que fue lo que me acabó matando. Moraleja: si la carrera empieza mal,  hay que cambiar el chip y el objetivo. No hay más. De todas formas, no puedo dejar de preguntarme que hubiese pasado si hoy hubiese sido mi primer Maratest, el de 30 km, a 3 semanas de debutar en la Marató. ¿Me habría salido mejor porque los ritmos eran mucho más lentos? ¿Me hubiese afectado mucho el viento o no? ¿Habría acabado con una buena sensación? Nunca lo sabremos… por suerte, mi primer Maratest, el importante, fue genial, y para mí, siempre será la carrera que me dió el 90% de la moral para creer que sí, que estaba preparada.

 

 

 

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