Máximas mínimas (o el sueño de Boston)

Hace quince días se corrió el Maratón de Boston. Si todo todo todo va bien, en 2021 o 2022 como mucho, espero correrla y ganarme así mi medalla de las 6 Majors. Y me va a costar un riñón.

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© Nicki Dugan Pogue

Boston no es como las otras. Supongo que, en parte, eso es lo que la hace tan especial. Todo el mundo habla maravillas de esta carrera, pero como corredora lenta que soy, me parece tremendamente elitista su sistema para conseguir un dorsal. O corres muy (muy) rápido o pagas (muy muy) mucho.

Tengo 38 años. Mi mejor tiempo en maratón fue de 4:39:51. Y no iba de paseo. El correr no sólo depende de lo que entrenes. Hay una parte de genética importante, y yo carezco completamente de ella (de ahí el título del blog). Nadie puede acusarme de no tomarme en serio una maratón, y mucho menos de banalizarla. Siempre había entrenado por mi cuenta, combinándolo con sesiones con el club del gimnasio. Pero el día que me planteé correr mi primera maratón, lo primero que hice fue ponerme en manos de un experto para que me hiciese un plan de entreno personalizado. A parte de una dietista para controlar peso y alimentación. Y la fisio. Y la prueba de esfuerzo. Todo eso para correr la maratón con todas las garantías posibles. Y lo hice. Pero repito, tengo 38 años y mi mejor tiempo es de 4:39:51. Permitidme que dude de que sea humanamente posible conseguir bajar a 3:35:00 (marca que además, no me aseguraría plaza si se presenta más corredoras con mejores registros). ¿Sería posible bajar más de una hora? Dentro de dos años, al cambiar de grupo de edad, me bastaría bajar 55 minutos. ¿Como bajas 55 minutos en maratón? Si eso es posible, que lo dudo, seguramente sería a costa de mi salud y de un sufrimiento extremo. Y no, yo esto lo hago para disfrutar.

Así pues, sólo queda la opción de pasar por caja, pagar un hotel al triple de precio, y el dorsal al doble (la opción del dorsal solidario tampoco es una opción, piden recaudaciones de más de 6000$ y no creo que tenga tanto poder de convocatoria). Hacer un esfuerzo económico bestial para cumplir un sueño. Cierto, nadie me obliga, lo hago porque quiero, pero, creo que no estaría mal ofrecer un ápice de esperanza para aquellos que igual no tienen la suerte que yo tengo de poder ahorrar, y que mi familia renuncie a las vacaciones al uso para que yo pueda hacer esto. ¿Tanto costaría sortear unos cuantos puestos? En Londres, si eres corredor internacional, es prácticamente imposible que te toque, pero existe la opción. Todas las otras tienen plazas que se asignan por sorteo. No entiendo que Boston no lo haga.

Una última reflexión. Sí, existe una posibilidad de ir a Boston siendo lento sin pasar por caja. Hacer trampas. De todos los tramposos que cada día se descubren al finalizar una maratón, hay un buen puñado que seguro lo hace para conseguir una tiempo que les permita acceder al dorsal. Al igual que hay muchos que le dan su chip o dorsal a alguien para que les haga la mínima. No los justifico en absoluto. He tenido la oportunidad de hacerlo. Llamadme tonta, pero para mí eso no es una opción.

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